Oferta y demanda: vuelta al año 2020

A inicios de la crisis sanitaria, hubo un intenso debate entre economistas para determinar hasta qué punto la crisis económica que se avecinaba sería el resultado de un choque de demanda o de oferta. El cierre de teatros, restaurantes y otras actividades deportivas constituyó tanto un choque de oferta (con la desaparición de la correspondiente oferta de servicios) como de demanda (con la prohibición de acudir a este tipo de establecimientos). En cambio, para los sectores abiertos, el reparto entre los dos tipos de choque estaba llamado a variar: el cierre de escuelas, las dificultades de abastecimiento y la aplicación de protocolos sanitarios en las empresas iban a constituir un choque de oferta, es decir, una caída de la productividad mientras que la caída de la demanda de bienes y servicios vinculados a los sectores cerrados (vino, taxis, etc.) podría ser significativa o incluso dramática y podría acentuarse aún más por la caída de los ingresos de los hogares y de las empresas, tal y como lo reflejaron Guerrieri et al (2020) y Baqaee y Farhi (2020).

De esta manera, se comprendió rápidamente que era necesario razonar sector por sector, teniendo en cuenta asimismo las interacciones entre ellos: un restaurante cerrado reduce la demanda de servicios de lavandería que, a su vez, están también sujetos a restricciones de oferta (protocolos sanitarios, escuelas cerradas, etc.). En el caso de Francia, Dauvin y Sampognaro (2021) utilizaron la encuesta de empleo del INSEE[1], la encuesta Acemo-Covid de la DARES[2], las tablas input-output y un modelo que describe las interacciones entre las 17 ramas de la economía. Al agregar los resultados, descubrieron que los problemas de oferta (cierres administrativos, absentismo ligado al cierre de los colegios, dificultades de abastecimiento) eran responsables de cerca de 2/3 de la caída de la actividad del 31% registrada en Francia en abril de 2020 y que el resto se debía a la caída de la demanda final.

Biden o la oferta endógena

Un año después de esta traumática experiencia, el debate sobre oferta y demanda parece haber desaparecido bajo influencia estadounidense. Más exactamente, ha cambiado de naturaleza. Por sí sólo, el paquete de estímulo estadounidense de 1,9 billones de dólares (9% del PIB, que sigue al plan de estímulo de la administración anterior y precede a los planes para inversiones y para las familias y la educación) supera con creces el déficit de demanda de la economía estadounidense, estimado por la Oficina Presupuestaria del Congreso en unos 3 puntos del PIB. Sin embargo, al hacer que la economía estadounidense se sobrecaliente, los límites de la capacidad de producción se verán pospuestos: las personas inactivas volverán a trabajar, los trabajadores se formarán para responder a las nuevas necesidades, las empresas invertirán más, etc. Ciertamente, la inflación podría aumentar de manera transitoria pero es un problema menor e incluso una ventaja en un periodo en el que está en niveles tan bajos. Por el contrario, aceptar, aunque sea de forma transitoria, un déficit de actividad podría perjudicar de forma duradera a la economía a través de efectos de histéresis más o menos persistentes (véase Blanchard, 2018; Fatás y Saxena, 2020).

¿Por qué no hacer lo mismo en Francia? Entre 2019 y 2020, el déficit público francés aumentó en 7 puntos[3] mientras que el PIB disminuyó un 8,2%. En Estados Unidos, el déficit aumentó en 9 puntos para un descenso de la actividad de sólo el 3,5%. ¿Debería Francia haber hecho más? No hay una respuesta evidente, teniendo en cuenta que las medidas de apoyo mal orientadas en Estados Unidos han dado lugar a un exceso de ahorro mucho mayor que en Francia (gráfico 1). El limitado descenso del empleo en Francia (-1,5%, frente al -8,2% del PIB) tampoco parece confirmar la necesidad de más estímulos a corto plazo. En 2009, el empleo cayó un 2,2% con un descenso del PIB del 3,8%. Como comentamos en una publicación anterior[4], la respuesta de las autoridades en 2020 se centró en preservar el tejido productivo (empresas y trabajadores) y no tanto a un estímulo keynesiano como tal.

GRÁFICO 1

Exceso de ahorro acumulado

 

En 2021, el saldo público debería permanecer estable tanto en Francia como en Estados Unidos pero el PIB no volverá aún a su nivel de 2019 en Francia, al contrario que  en Estados Unidos: ¿se debe esto a que Francia no está haciendo suficiente? En primer lugar, hay que recordar que la actividad sigue estando limitada hoy en día principalmente por la pandemia, en Francia más que en Estados Unidos, donde las restricciones sanitarias parecen haber tenido un menor impacto en la economía y donde la vacunación tiene un mes de adelanto. Cuando una parte de la actividad está prohibida, es poco probable que una reactivación de la demanda produzca resultados satisfactorios. Aun así, la vacunación está avanzando y se espera que la mayoría de las restricciones se levanten para el verano. Entonces ¿Por qué no seguir el ejemplo de los Estados Unidos con un estímulo presupuestario adicional y ambicioso en la segunda mitad del año? ¿Acaso un fuerte repunte de la demanda no podría acarrear un repunte del PIB potencial de manera que no hubiera verdaderas limitaciones de la oferta? Se trata de un escenario atractivo pero hay dos elementos que aconsejan cierta cautela:

Ciertamente, Francia entró en la crisis con una tasa de desempleo todavía elevada (7,8% en el último trimestre de 2019 en Francia metropolitana frente al 3,5% en Estados Unidos). Sin embargo, las tensiones sobre la capacidad de producción, y en particular las dificultades de contratación, fueron importantes (véase Dares, 2020). De hecho, Francia es una economía mucho más abierta que Estados Unidos: las importaciones de bienes y servicios representan el 33% del PIB en Francia frente al 15% de Estados Unidos. Así, mientras que el exceso de demanda en Estados Unidos puede dar lugar a un aumento de la inflación y/o a la vuelta al trabajo de personas que estaban alejadas de él, en Francia, la forma más natural de atender la demanda adicional es a través de las importaciones. Además, un aumento de precios sería menos inofensivo en Francia que en Estados Unidos debido a la pertenencia de Francia a la unión monetaria europea: las pérdidas de competitividad resultantes no podrían compensarse posteriormente con la depreciación nominal de la moneda.
Además, debido a su pertenencia a la zona euro, es difícil que Francia tenga en el futuro un perfil de deuda como el proyectado por la CBO para Estados Unidos (gráfico 2):

GRÁFICO 2

Deuda federal % del PIB, Estados-Unidos

Fuente : Congressional Budget Office, marzo  2021.
 

De hecho, el euro no es (todavía) el equivalente al dólar como moneda internacional: la demanda de activos en euros no es infinita y, aunque lo fuera, la divergencia de Francia respecto a otros países europeos podría alterar la percepción de los mercados, además de poner al país en dificultades en relación a  las normas presupuestarias europeas. Por último, a Francia le ha resultado históricamente más difícil que a otros países reducir su ratio de deuda en periodos de bonanza. En resumen, Francia está obligada a ser más prudente que los Estados Unidos en materia de gestión de las cuentas públicas, aunque actualmente se beneficie, como todo el mundo, de unos tipos de interés históricamente bajos.

Temporada 2021

El levantamiento gradual de las restricciones sanitarias va a liberar la demanda: los consumidores volverán a las terrazas de los bares y restaurantes, irán de compras, viajarán, etc. Algunas limitaciones de la oferta (como el absentismo de las personas en contacto con el virus o de los padres de los niños en edad escolar) también disminuirán. El consumo podría incluso sorprender al alza, como ocurrió en el verano de 2020. ¿Significa esto que la oferta podrá satisfacer sin dificultad cualquier repunte de la demanda, por elevado que sea? Es posible, pero habrá que superar algunos escollos (véase Fernald y Li, 2021).

La primera dificultad vendrá de las restricciones sanitarias residuales, en particular los aforos que podrán seguir afectando a la productividad de los establecimientos que trabajan de cara al público: si sólo se puede ocupar uno de cada dos asientos en restaurantes y establecimientos culturales, el aforo se reducirá automáticamente a la mitad.

La segunda dificultad consistirá en adaptar la oferta a la demanda. Imaginemos, por ejemplo, que la demanda turística repunta pero que se vuelve más rural y menos internacional. Como los hoteles y su personal no pueden trasladarse instantáneamente desde las grandes ciudades a la costa atlántica, a los Alpes o al campo normando, podría haber un exceso de oferta en algunos lugares y una escasez en otros. En términos más generales, la persistencia de algunos de los efectos de la crisis, en particular el desgaste del turismo de larga distancia pero también la transformación digital de la economía (el auge del comercio electrónico y el teletrabajo) requerirá reasignaciones intersectoriales e intrasectoriales que no serán inmediatas. La cesta de la compra media de un teletrabajador o de un veraneante europeo también podría resultar menor que la de un ejecutivo que se desplaza a diario al trabajo o un turista chino.

La tercera dificultad será la capacidad de los factores de producción -capital y trabajo- para reiniciar inmediatamente la actividad al mismo nivel de productividad que antes de la crisis, tras largos meses de actividad reducida. La pérdida de experiencia en el terreno y en el mantenimiento del capital así como las mayores dificultades de integración laboral de los jóvenes en las empresas durante la crisis podría afectar a la productividad durante los primeros meses. También habrá que tener en cuenta los plazos en la contratación de temporeros, así como de trabajadores regulares que pueden haber aprovechado los meses en ERTE para prepararse para otro futuro (Les Echos, 10 de abril de 2021[5]).

Un guion flexible

Al igual que la mayoría de los pronósticos, la Dirección General del Tesoro francés adopta la hipótesis prudente y no definitiva de un PIB potencial ligeramente rebajado por la crisis (-2 ¼ %, véase el gráfico 3). En este contexto, el nivel del PIB potencial se alcanzaría en 2024 y el estímulo de la demanda tendría cada vez menos efecto sobre la actividad a medida que el PIB (línea negra) se vaya acercando a la trayectoria del PIB potencial (línea continua en rojo).

GRÁFICO 3

PIB y PIB potencial

Sin embargo, hay mucha incertidumbre en relación a esta estimación del PIB potencial. No se puede descartar que tras esta crisis, ciertamente de grandes dimensiones pero totalmente exógena, la senda anterior se mantenga inalterada (línea rosa), como tampoco es imposible que la senda del PIB potencial sea, en realidad, inferior. En estas condiciones, la estrategia presupuestaria debería centrarse en modular las herramientas para estimular la demanda y la oferta de acuerdo con la evolución de los indicadores de estrés: apoyo a la demanda si el sistema productivo no muestra signos de tensión o apoyo a la oferta en el caso contrario, haciendo hincapié en la formación de los trabajadores y en la reactivación de las empresas, y siempre adaptándose a las distintas situaciones por sector y territorio.

En tiempos de gran incertidumbre, la respuesta de la política económica debe ser ante todo flexible, atenta a una economía que sigue siendo frágil, independientemente del origen de esta fragilidad – oferta o demanda, inversión o consumo, sectores o territorios, hogares o empresas, agregados o desigualdades, etc. A medida que la economía se reabre gradualmente, será esencial examinar detenidamente todos los indicadores de alta frecuencia para ajustar al máximo las medidas de apoyo las distintas necesidades.

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Lire en français : L’offre et la demande, saison 2021
Read in English: Supply and Demand, Season 2021

[1] Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos, equivalente del INE en Francia.

[2] Dirección de la Animación de Investigación, Estudios y Estadística en el Ministerio de Trabajo francés.

[3] Si corregimos el saldo de 2019 con el efecto contable del denominado “CICE” en referencia a la transformación de dicho crédito de impuesto, cuyo objetivo era dinamizar el empleo, por reducciones directas en las cotizaciones sociales.

[4] Publicación “¿Cuánto es “cueste lo que cueste”?” en francés o en inglés del 23/02/2021

[5] El artículo se puede consultar en este enlace.